10 Reglas antes de educar a su mascota

10 Reglas antes de educar a su mascota

 1.- El perro no entiende el idioma castellano, ni inglés.. ni chino, ni lo entenderá nunca. Las palabras, como los gestos y los olores, representan simplemente un estimulo por el que puede verse condicionado a dar una respuesta determinada.

2.- El perro no tiene sentido moral, nunca puede sentirse culpable o resentido o bueno o malo. Sólo puede asociar una determinada acción con una determinada respuesta, positiva o negativa, por parte de su amo.

3.- El perro no puede aprender un modelo de comportamiento que no le pertenezca genéticamente: es posible utilizar a voluntad las aptitudes innatas del perro, pero no podemos crear aptitudes nuevas (para poner un ejemplo, el perro puede aprender a sentarse a la orden porque sentarse es un acto natural para él, pero nunca aprenderá a beber como un hombre, ni por las buenas ni por las malas, porque no está en su naturaleza). Sin embargo, podemos potenciar actitudes que, de otro modo, aun siendo innatas, no se verían con demasiada frecuencia (p. ej., acrobacias circenses o bailar coreografías).

4.- La motivación es la base de la educación y del adiestramiento: cuanto mas fuerte sea la motivación para realizar un acto determinado, mas rápido será el aprendizaje. La motivación puede entenderse en sentido agradable (obtener como recompensa: comida o caricias o su juguete favorito por parte del amo) o en sentido desagradable (evitar un dolor o en cualquier caso una situación de estrés). Otra motivación que hay que tener en cuenta es la satisfacción de la llamada curiosidad. El hombre ha basado en ella toda la investigación científica, pero también en el perro la curiosidad es un fuerte estímulo para el aprendizaje.

5.- Una vez que el perro ha aprendido que la ejecución de un ejercicio le da una recompensa, se crea en él la necesidad de repetir esta experiencia agradable. En etología se habla de creación de una necesidad secundaria, o de creación de una apetencia. Ésta es una fase muy importante del adiestramiento, porque el perro, que ha aprendido un ejercicio estimulado, por ejemplo, por el deseo de comida (oferta de un bocadito), podría no volver a repetirlo si no se le volviese a presentar el bocadito o en caso de que no tuviese hambre. Sin embargo, si sustituye el deseo de la comida por el deseo de una caricia o de una palabra amable, hará todo lo que sea necesario para satisfacer a su amo en cualquier momento.

6.- Los impulsos para el aprendizaje pueden ser inhibidos por un impulso externo mas fuerte (por ejemplo, una perrita en celo de paso puede ser más interesante para un perro que un amo que grita: “¡Sienta! o ¡Ven!”) Los impulsos más fuertes son siempre los más naturales para el perro (impulso del sexo, de la caza, del alimento, etc.). Es conveniente habituar al perro a las distracciones, para no sufrir con demasiada frecuencia sus consecuencias

7.- El deseo de superar una frustración o un dolor físico puede ser un fortísimo estímulo para el aprendizaje, tanto como una recompensa. Para el perro no hay mucha diferencia entre alcanzar un efecto agradable y alejarse de un efecto desagradable: el intenta solamente sentirse bien, y sus acciones tienden a este fin, aunque sin tener conciencia de ello. Así pues, los refuerzos positivos o negativos tienen el mismo valor.

8.- Según el punto 7 podría parecer sólo una cuestión de gustos adiestrar al perro por las buenas o por las malas, y en realidad el perro aprende un ejercicio con la misma rapidez, tanto si éste le permite obtener una recompensa como si le permite evitar un castigo.
Sin embargo, existe una notable diferencia por lo que se refiere a su relación con nosotros. En efecto, el perro combina la ejecución mecánica de la orden con razonamientos y auténticos pensamientos que le permiten discriminar entre un amo firmemente amable y un amo inútilmente violento. Así pues, amará al primero y lo considerará su jefe, mientras que se limitara a temer al segundo. Dado que en la naturaleza animal un jefe nunca es violento, aunque el perro le conceda su obediencia sin duda no le dará su aprecio ni su corazón. El perro es un animal social capaz de reconocer como correctos o erróneos ciertos modelos de comportamiento de su líder o amo. Es correcto lo que permite la supervivencia de la jauría y su bienestar, mientras que es erróneo lo que pone a la jauría o manada en peligro. Ni siquiera en este caso el perro hace consideraciones morales (en todo caso deberíamos hacerlas nosotros cuando elegimos entre un adiestramiento de tipo suave y uno más violento).

9.- Sea como fuere, cuando se ha obtenido una respuesta positiva por parte del perro ésta corre el riesgo de ser olvidada o, mejor dicho, apartada, si el amo no hace seguir siempre a esta respuesta una recompensa. Es conveniente variar estas recompensas (refuerzos) incluso para estimular su vivaz curiosidad, impulsándolo a realizar las cosas bien y de prisa “para ver qué sucede”. ¿Llegará un bocadito o una caricia? Es lo que yo llamo efecto huevo de Pascua, por que puede ser utilísimo para despertar el interés de un perro aburrido, exactamente como las ganas de ver la sorpresa hacen que el niño se coma el chocolate del huevo de Pascua (aunque no tenga hambre).

10.- El cachorro es un perro en el más amplio sentido de la palabra, y es mucho más adiestrable que un adulto porque aún está bien dispuesto a someterse a sus superiores jerárquicos. Además, como ocurre con los niños humanos, tiene un cerebro sumamente elástico y dispuesto a aprender. En contrapartida, los errores cometidos con el cachorro permanecerán indeleblemente grabados en su memoria: si le hace una trastada, para él será, en cualquier caso, una trastada enorme (mientras que un adulto sabe distinguir, en ciertos casos, la involuntariedad o la intencionalidad). Si usted pierde su confianza, tendrá que sudar mucho para volver a ganársela.

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